Alemania y España en Qatar: ¿hundidas por el “pánico a perder”?

 Alemania y España en Qatar: ¿hundidas por el “pánico a perder”?
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DW –

La selección de España llegó al Mundial de Qatar como una de las grandes favoritas, pero apenas pudo dar un paso más que Alemania, eliminada en la fase de grupos. En la crónica de ambos colapsos hay muchas coincidencias.

Alemania y España no pudieron tener comienzos más distintos en el Mundial de Qatar. Mientras la primera selección sufría una calamitosa derrota ante Japón, el conjunto dirigido por Luis Enrique goleaba a Costa Rica en lo que parecía ser el inicio de una fiesta brillante. A partir de entonces, los destinos de ambas selecciones se fueron acercando cada vez más hasta llegar a un mismo destino aunque en etapas distintas: la eliminación.

Tanto Alemania como España parecían tenerlo todo para llegar más lejos en Qatar. El equipo germano traía un bloque sólido, conformado por jugadores del Bayern Múnich, quizá el mejor club del mundo en este momento. Los ibéricos, por su parte, presentaban una mezcla que parecía envidiable de juventud y experiencia, conducidas por un técnico que causaba devoción entre sus convocados.

Por si fuera poco, tanto alemanes como españoles presumían de tener en sus filas a jóvenes que bien podrían ser parte de la futura élite del fútbol: los españoles Gavi y Pedri parecen encarnar el espíritu de la «nueva furia” española, mientras que Jamal Musiala es pulida joya del balompié germano, y quizá mundial.

El desenlace fue muy distinto. A lo largo de prácticamente toda su gesta mundialista, Alemania y España se perdieron en un laberinto similar: un sistema de juego basado en la posesión, y en la esperanza de una pólvora ofensiva que nunca explotó (con la excepción de la goleada española a Costa Rica). Pero en cuanto los equipos de Hansi Flick y Luis Enrique se enfrentaron a rivales compactos y veloces en el contragolpe, se sumieron en lo que analistas españoles llaman hoy «pánico a perder”.

El fútbol no se gana con pases

La propuesta futbolística principal de Alemania y España fue un largo desfile de pases y muy discreto avance del balón. Llegar sin mucha prisa al último tercio de la cancha y luego crear brechas mínimas de mayor profundidad, en la búsqueda de romper de alguna manera las redes del rival.

Los números dan una dimensión de cuán inefectiva fue la estrategia para ambas selecciones. Alemania pasó el balón en 1.990 ocasiones con una efectividad del 84,7 por ciento. Pero de esos casi dos mil pases, 1.760 fueron de corta (881) y media distancia (725). La propuesta de Luis Enrique fue mucho más radical. En sus cuatro partidos del Mundial de Qatar, los jugadores españoles intentaron 3.957 pases con una efectividad de 89,5 por ciento. Solo 268 de esos pases fueron largos.

Alemania tiró 68 veces al arco y 23 de esos disparos fueron en dirección al arco contrario. La cosecha fue de seis goles, es decir, uno por cada once tiros. A su vez, España tiró menos: 48 intentos y 16 tiros al arco. A primera vista, su cosecha no fue mala: nueve anotaciones a lo largo del torneo. Pero siete de esos goles fueron en un solo partido, y luego España solo anotó dos veces en sus tres encuentros siguientes.

Maraña, desfile y laberinto

Está claro, pues, que tanto Alemania como España se perdieron en una maraña de pases, muchos de ellos sin otro propósito que esperar que movimientos sin balón o errores del rival propiciaran algún espacio. Y aquí vino el otro factor: los equipos contrarios.

El manual de cómo contrarrestar la posesión de la pelota, tal y como la plantearon alemanes y españoles, fue escrito en Japón. Desde el primer partido contra Alemania, los «samuráis azules” cerraron el centro de su defensiva, esperando la arrítmica llegada de sus contrarios. Además, haciendo gala de un juego veloz y sincronizado, atacaron sin piedad y convirtieron en el momento preciso.

La abrumadora táctica de alemanes y españoles a base de la posesión y el avance pausado no solo es indicativa de un sistema, sino que refleja también una actitud. Si bien muchos de los pases responden a la «idea de juego” diseñada por los estrategas Flick y Luis Enrique, también simboliza el desconcierto ante el planteamiento de japoneses, marroquíes y, en el caso alemán, de costarricenses.

Ni Alemania ni España pudieron crear ideas distintas de cómo resolver la ecuación defensiva de sus contrarios. Alemania lo intentó en los últimos minutos del partido contra Costa Rica, y España, en el choque hispano-germano que terminó en empate. En estos momentos, ambas selecciones arriesgaron algo y brillaron. Al final, sin embargo, fueron eliminadas por la excesiva especulación,  fríamente aprovechada por rivales hambrientos de triunfo.


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