Rhode Island ya no puede  esconder sus grietas:

Roger Suchite

Rhode Island ya no puede esconder sus grietas:

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Por Roger Suchite
Esta semana dejó al descubierto algo que muchos en la clase política de Rhode Island prefieren ignorar: el estado está gobernado por rutinas vacías, no por visión. Y cuando esas rutinas se rompen, como ocurrió estos días, queda claro lo frágil que es la estructura improvisada que sostiene al poder local.
La retirada del vocero de la cámara legislativa, Joseph Shekarchi de la carrera a gobernador que nunca fue pero que muchos daban por hecho, no fue un gesto de humildad ni de prudencia. Es un síntoma. Un síntoma de que incluso las figuras más influyentes del establishment saben que el terreno político está cambiando y que ya no basta con heredar posiciones o confiar en viejas redes. Mucho se decía de la alta cantidad de dinero en su cuenta financiera de campaña, pero sabemos que el dinero no lo es todo. Su salida deja un vacío que otros intentarán llenar, pero también expone la falta de liderazgo real en un partido que lleva años administrando el poder sin renovarlo.
Mientras tanto, Helena Foulkes supera al gobernador Dan McKee en recaudación de fondos, y eso no es sólo un dato financiero: es un mensaje firme. La base demócrata está buscando alternativas, y McKee enfrenta un desgaste que su administración no ha sabido revertir. Entre un presupuesto cuestionado, decisiones erráticas y una narrativa pública débil, el gobernador llega a este ciclo electoral con más dudas que certezas.
Por otra parte, un quiebre muy revelador ocurrió en Washington, cuando Jack Reed y Sheldon Whitehouse votaron distinto en un tema relacionado con ICE. Para una delegación que históricamente se mueve en bloque, esta división es un terremoto silencioso. La política migratoria ya no se puede manejar con comunicados tibios ni con discursos reciclados. Las protestas frente al State House lo dejaron claro: la comunidad está cansada de gestos simbólicos y exige posiciones reales.
El presupuesto de McKee tampoco escapó las averiguaciones. El Consejo de Gasto Público de Rhode Island (Rhode Island Public Expenditure Council) criticó la propuesta de aumentar impuestos a millonarios, y aunque reconoció avances en el control del gasto, el mensaje fue contundente: el estado sigue improvisando más de lo que planifica. Vale la pena mencionar que el 2% de la población en el estado son considerados millonarios. Lo cual quiere decir, que la propuesta de aumentar impuestos a los millonarios, no es nada más que una cortina de humo porque no soluciona el problema financiero que enfrenta el estado. Es un show de campaña.
Rhode Island necesita una estrategia fiscal seria, no parches anuales que dependen de vientos económicos favorables.
En energía la gran interrogante es, si Rhode Island está liderando o simplemente tratando de no quedarse atrás. La falta de claridad en costos, beneficios y transparencia sigue siendo una deuda pendiente. Otro evento que está causando polémica está semana, es la salida de Peter Alviti, Director del Department Transporte del estado y sus declaraciones en cuanto a su partida. ¿Se fue o lo fueraron? Cualquiera que sea lo que verdaderamente sucedió, él dejó un fuerte mensaje en una entrevista para los que se atrevan a opinar al respecto: “Si alguien miente o tergiversa los hechos para obtener un beneficio personal, lo escucharé y estará oyendo de mí, con firmeza”. ¿Amenaza? Juzgue usted.
En resumen, esta semana no solo se movieron piezas: se abrieron grietas. Rhode Island está en un punto de inflexión. O se enfrenta a sus contradicciones con honestidad, o seguirá administrando en descenso con discursos vacíos. Lo que está en juego no es una elección, sino la credibilidad de un sistema político que ya no convence a nadie. El “ver para creer” es el nuevo y renovado Modus operandi de los votantes, y con mucha razón. Ya vieron, no creen, y ahora están bailando   al son del cambio.

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