De récords, revanchas y nostalgia: Messi es un viajero en el tiempo

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DW –

El astro argentino rubricó otra noche para el recuerdo y fue determinante en la clasificación de su país a la final de la Copa Mundial de Catar 2022.

A Doha la construyó el doctor Emmett Brown. Esta ciudad en el corazón de Catar tiene que ser una máquina del tiempo digna de Volver al Futuro. Solo así puede explicarse que Lionel Messi, con 35 años y una molestia muscular en el posterior izquierdo después de seis partidos en 21 días, sea capaz de bailar a uno de los mejores centrales de la Copa Mundial. Josko Gvardiol, el enmascarado de 20 años cuya cotización aumentó exponencialmente con cada actuación croata y que promete ser protagonista de un desembarco inevitable en la Premier League, es la víctima pero podría ser Jerome Boateng con la camiseta del Bayern Munich en 2015.

El 10 captura la pelota casi en la mitad de la cancha, cercenado por la línea de cal, y con dos toques empieza a construir la pesadilla viral que perseguirá a Gvardiol hasta la próxima cita. Acelera y lo deja relegado, frena y lo espanta con un taco, le amaga con el cuerpo hacia la derecha y se le escapa por la izquierda, lo desborda sin caer ante el rigor físico de un portento y lo aguanta con el cuerpo hasta que detecta el ingreso triunfal de Julián Álvarez, el socio ideal que hace no mucho lo abrazaba con la ilusión del chico que conoce a su ídolo, y le regala el 3-0 definitivo. Es una corrida de otros tiempos, una jugada propia de su genio adolescente pero Messi, este Messi versión 2022, es omnipotente y omnisciente.

Fue otra noche histórica en la carrera del astro argentino, otra actuación de récord en una campaña que ya se ganó su lugar en la enciclopedia de las mejores actuaciones individuales de todos los tiempos. Con su penal ante Dominik Livakovic, una ejecución impactante que dejó sin opciones a un arquero que venía de edificar su condición de héroe en las definiciones ante Japón y Brasil, superó a Gabriel Batistuta como el máximo anotador mundialista de su país e igualó a Kylian Mbappé en la cima de la tabla de artilleros de Catar. Antes, con su mera presencia, había cazado al alemán Lothar Matthaus como el hombre con más encuentros en 92 años: el próximo domingo superará su marca en la final de Lusail.

Tras escuchar el silbato del árbitro Daniele Orsato, Messi celebra con los puños cerrados sobre sus rodillas, exhausto, y festeja por todo lo que pasó, por todo lo que fue y por lo que vendrá: ocho años después tendrá una nueva oportunidad de levantar el único trofeo que le falta a su carrera. “No es una revancha -explica en la conferencia de prensa posterior a la clasificación-. Es una oportunidad como la vine buscando durante toda mi carrera. Siendo mi último Mundial, despedirme de esta manera es algo magnífico”.

Catar 2022 fue una montaña rusa de emociones. La derrota frente a Arabia Saudí fue la síntesis de décadas de frustraciones colectivas y de otras tantas individuales para el 10. Pero tras el cimbronazo inicial comenzó la resurrección con varias señales que remiten a los mayores éxitos de la historia nacional, capítulos que permiten cerrar viejas heridas que el propio Messi se cura a fuerza de triunfos: la victoria ante los croatas -por idéntico resultado al 3-0 de Rusia 2018- sepulta definitivamente a una de las mayores frustraciones de su carrera.

Entre la final en el Maracaná y esta clasificación, Messi protagonizó una novela que prometía no tener un desenlace feliz. La derrota ante Alemania en tiempo suplementario, las dos series de penales perdidas ante Chile en las Copas América y el caótico descalabro de Rusia 2018 dejaron cicatrices en la piel de un crack que coqueteó con la rendición cuando en 2016 anunció un retiro que duró poco tiempo.

Pero en el certamen continental de 2021 empezó la redención. En el Maracaná, en el mismo coliseo en el que había mirado con lágrimas en los ojos a una Copa Mundial que parecía inalcanzable, derrotó a Brasil en el clásico y disipó la maldición que parecía aquejarlo. Esa victoria fue la piedra basal de la Scaloneta actual, una generación joven que lo entronizó como su líder absoluto: “La edad me hace vivirlo diferente, vengo disfrutando de otra manera la Selección. De eso se trata, de volver a levantarse e intentarlo, en todos los aspectos de la vida. Todo el mundo recibe golpes pero lo importante es volver a intentarlo y luchar por los sueños. En algún momento tuve dudas, pero gracias a dios volví para disfrutar de todo esto”.

Y es verdad: Messi lo disfruta y sonríe, todo el tiempo, en todo lugar. Como nunca antes. Porque esa sonrisa es nueva, aunque seamos testigos de un Messi rejuvenecido que otra vez nos entregó una actuación cargada de nostalgia.


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