Se espera una sesión agitada el miércoles 6 de enero cuando el Senado siguiendo una histórica tradición democrática debe sellar la victoria del presidente electo Joe Biden, que más de cien legisladores y una docena de senadores, todos republicanos, han prometido impugnar.

WASHINGTON D.C. – El nuevo Congreso de Estados Unidos asumió sus funciones este domingo en medio de un ambiente expectante por la definición de la mayoría en el Senado y por la promesa de una sesión agitada el próximo miércoles, en la que se sellará la victoria del presidente electo, Joe Biden.

Más femenina y diversa que nunca, la Cámara de Representantes, dominada por los demócratas, se volvió a reunir para la juramentación de sus integrantes, todo bajo un protocolo sanitario reforzado.

Nancy Pelosi, la demócrata por California, única mujer presidenta de la Cámara Baja, fue reelegida a un cuarto mandato por una estrecha mayoría en una dividida Cámara. Los demócratas tendrán la más reducida mayoría de cualquier partido en 20 años, iniciando esta sesión con una ventaja de 222 a 211.

En el Senado -que también volvió a sesionar- la historia es otra, ya que la definición está supeditada a la elección que tendrá lugar el martes en el estado de Georgia (sur), y en la cual los demócratas deben ganar los dos escaños disputados -algo difícil- para recuperar el control de la Cámara Alta.

Y justamente unos mil kilómetros al sur la batalla electoral cobró un nuevo impulso.

Prueba de lo que está en juego es que tanto el presidente Donald Trump como el mandatario electo Biden visitarán el estado el lunes. También lo harán sus respectivos números dos: Mike Pence y Kamala Harris.

“El futuro del país está en juego aquí en Georgia, en nuestras papeletas”, dijo a la cadena Fox News la senadora republicana Kelly Loeffler, quien espera conservar su escaño contra el pastor negro Raphael Warnock.

“Es una elección entre nuestras libertades (…) y el socialismo”, añadió, haciéndose eco del argumento de los republicanos en esta carrera: el fantasma de un poder que se inclina hacia la izquierda.

“Estamos al borde de una victoria histórica después de cuatro años de grave incompetencia, racismo, odio y prejuicio”, dijo por su parte el demócrata Jon Ossoff, de 33 años, a la CNN, con la esperanza de quedarse con el escaño del republicano David Perdue, 71.

Trump también dedicó varios tuits a Georgia el domingo.

Pero no fueron para apoyar a los candidatos de su partido, sino para denunciar “fraudes” masivos que, según él, le habrían privado de su victoria en este estado tradicionalmente republicano.

Algo que según diversos analistas podría servir a los demócratas: convencidos de la existencia de fraude, los votantes republicanos podrían verse tentados a quedarse en casa.

Dos meses después de las elecciones, Trump todavía se niega a conceder la derrota.

A pesar del rotundo fracaso de su cruzada judicial y la falta de pruebas contundentes, logró sembrar dudas en la mente de la mayoría de sus partidarios, que prevén hacerse escuchar el miércoles en Washington.

Manifestaciones, incluyendo una “marcha por Trump”, coincidirán con una sesión del Congreso destinada a registrar formalmente el triunfo de Biden, confirmado con 306 grandes electores contra 232.

Esta acción del Congreso es una obligación constitucional y es normalmente una mera formalidad, pero que este año promete ser explosiva.

Aunque algunos pesos pesados republicanos como Mitch McConnell admitieron finalmente el triunfo de Biden, el presidente saliente tiene todavía el apoyo inquebrantable de docenas de legisladores en ambas cámaras, que ya anunciaron que expresarán sus objeciones y harán resonar las acusaciones de fraude electoral en el Capitolio.

Su intervención no tiene posibilidades de descarrilar la sesión -no les alcanzan los votos para eso- pero sí pueden entorpecerla o ralentizarla.

“Es más una maniobra política que un remedio efectivo”, dijo su colega Lindsey Graham, un fiel aliado de Trump.

Dura batalla

Su relevancia dependerá en gran medida de lo que suceda en Georgia.

En el papel los senadores republicanos David Perdue (71 años) y Kelly Loeffler (50) son los favoritos para retener sus bancas. El primero ganó en la primera vuelta y la segunda debería beneficiarse de los votos de otro conservador.

Pero sus oponentes demócratas, Ossoff y Warnock, apuestan al impulso creado por la victoria de Biden en noviembre y poder dar el batacazo.

“La batalla es dura, pero una victoria demócrata es posible”, dijo Stacey Abrams, una estrella en ascenso del Partido Demócrata nacida en Georgia, donde ha trabajado duro para promover el acceso de los votantes negros al voto.

El electorado negro, que se espera que desempeñe un papel decisivo, será alentado el domingo por la tarde por Kamala Harris, quien se convertirá en la primera mujer y primera persona de una minoría en acceder a la vicepresidencia el 20 de enero.

De acuerdo a la Constitución, ella tendrá el poder de definir las votaciones en el Senado si los demócratas vencen en Georgia y dividen la Cámara Alta en 50 escaños por lado.

Si fracasan, Biden tendrá que convencer a los senadores republicanos más centristas en cada proyecto de ley o nominación que envíe al Congreso, lo que de alguna forma limitaría su margen de maniobra.

Con información de AFP y The Washington Post